Con 17 años, Santiago Reyes ganó la general y la RC5 en su primera carrera como piloto, acompañado por su papá Daniel como navegante.
De la butaca derecha al volante: Santiago Reyes debutó como piloto y ganó la general en Angaco
Hasta hace poco, Santiago Reyes miraba la carrera desde la butaca derecha. Allí aprendió a leer caminos, interpretar una hoja de ruta y entender los secretos de un auto de travesía junto a su papá Daniel. En Angaco, todo cambió: por primera vez tomó el volante y, casi sin proponérselo, terminó ganando la clasificación general.
Con apenas 17 años, Santiago tuvo un estreno soñado en la tercera fecha del Campeonato Sanjuanino de Travesía. A bordo del Ford Fiesta N° 59 de la categoría RC5, se quedó con su divisional y también con la clasificación absoluta, después de completar las tres etapas con un tiempo de 33 minutos, 4 segundos y 39 centésimas.
Pero si algo dejó claro después de bajar del auto fue que la victoria no era lo que más le importaba.
“Extremadamente contento, extremadamente feliz”, contó en diálogo con En 4D. Sin embargo, enseguida puso el foco en otra cuestión: “No tanto por el resultado, sino por el rendimiento que fue mayor a lo que yo esperaba”.
Ahí aparece una de las claves de su debut. Santiago llegó a Angaco sin expectativas de ganar. Su objetivo era hacer el mejor trabajo posible, aprovechar todo lo aprendido durante sus años como navegante y entender cuánto podía exigirle al auto.
El resultado terminó superando cualquier cálculo.
La primera curva y los nervios
El estreno no fue sencillo desde lo emocional. La experiencia previa como navegante podía darle conocimiento del vehículo y de la competencia, pero cuando llegó el momento de acelerar, la responsabilidad era completamente diferente.
“Al principio de cada tramo muy nervioso, nervioso por la largada, nervioso hasta la primera curva”, reconoció.
Los nervios, sin embargo, no impidieron que encontrara rápidamente el ritmo. Santiago conocía el auto porque había pasado mucho tiempo sentado junto a su padre y sabía cuáles eran sus posibilidades.
“Al ya tener experiencia en ese auto, por haber navegado tanto tiempo a mi papá, entiendo un poco cómo se debía llevar, entiendo las velocidades que puede llegar”, explicó.
Su plan fue sencillo: hacer lo que sabía que podía hacerse, sin entrar en una carrera desesperada por el resultado.
Y funcionó.
En un escenario exigente, con polvo, piedras y caminos que ponían a prueba tanto al piloto como a la mecánica, Reyes logró sostener un ritmo regular y terminó imponiéndose por poco más de siete segundos sobre el experimentado Hermes García, mientras Sebastián Landa completó el podio absoluto.
Para un debutante, la dimensión del resultado habla por sí sola.
El día que las butacas se invirtieron
Pero la imagen más particular de la jornada no estuvo solamente en la clasificación.
Estuvo dentro del auto.
Un año antes, Daniel Reyes manejaba y Santiago era su navegante. El padre, con una extensa trayectoria en el deporte motor, había sido el piloto mientras su hijo comenzaba a construir experiencia desde la butaca derecha.
En Angaco ocurrió exactamente lo contrario.
Daniel se convirtió en navegante y Santiago tomó el volante.
“Fue una muy buena experiencia. Fue su primera vez navegando, entonces era muy gracioso ver los roles invertidos”, relató Santiago.
La escena tenía además un componente especial. El joven piloto comenzó a reconocer en su padre algunos de los mismos errores que él había cometido cuando recién aprendía a navegar.
“Los errores que él cometía eran los que yo cometía en su momento, cuando inicié, y darle las mismas correcciones que él me daba”, recordó entre risas.
Pero detrás de esa complicidad había algo mucho más importante: confianza.
Daniel conocía el auto. Santiago confiaba en su padre. Y cuando llegaba una indicación desde la butaca derecha, la respuesta era inmediata.
“Él me decía ‘frenar, caer’ y yo frenaba, no había duda. En eso había mucha confianza”, contó.
La relación tampoco termina cuando se cierra la puerta del auto. Padre e hijo reconocen que suelen cargarse mutuamente durante las carreras.
Daniel le pide que no haga determinadas cosas. Santiago le reclama que dicte la hoja.
“Nos gusta cargarnos entre los dos”, resumió.
En una competencia donde cada decisión puede costar segundos y donde la concentración es determinante, esa relación terminó siendo también una fortaleza.
Una herencia que llegó casi sin darse cuenta
El vínculo de los Reyes con el deporte motor viene de mucho antes del debut de Santiago.
Daniel lleva alrededor de 15 años ligado a las competencias, con experiencia en rally, travesía y motocross. También compartió carreras con su hermano, navegante, construyendo una relación familiar con el deporte de la tierra que terminó alcanzando a la siguiente generación.
Santiago creció viendo todo eso.
“Realmente siempre lo he seguido en todas las carreras. Nunca me esperé que me tocara a mí”, confesó.
Su ingreso al rol de navegante y luego el salto al volante fueron, según sus propias palabras, procesos vertiginosos.
“Todo pasó muy repentino. Desde ser navegante hasta ser piloto fueron propuestas que llegaron de un mes a otro, una semana a la otra”, explicó.
Se animó.
Y las dos experiencias terminaron saliendo bien.
La primera lo convirtió en campeón como navegante. La segunda, apenas en su estreno, le entregó la victoria general y el triunfo en RC5.
Una victoria que abre otra puerta
El triunfo de Angaco no parece destinado a quedar como una anécdota aislada.
Santiago y su familia ya están pensando en el próximo paso. La intención es buscar competencias de mayor nivel durante la próxima temporada y analizar la posibilidad de participar en el Campeonato Argentino, además de evaluar alternativas en Córdoba o San Luis.
Para eso, existe una parte menos visible del automovilismo que también forma parte de la carrera: conseguir los recursos para competir.
“Estamos preparando todo, ver sponsors, ya sean chicos, grandes, todo suma”, explicó.
Porque detrás del auto que sale a la pista hay una estructura familiar y deportiva que sostiene cada participación.
Y Santiago no se olvidó de mencionarla.
“Más que nada agradecer al equipo, a Ponce Rally Team, a todos los que hacen posible que yo pueda correr, a mi viejo, a mi familia, a mi mamá, mis hermanos, todos los que apoyan”, destacó.
Después agregó una frase que resume perfectamente esa dimensión invisible del deporte: “Son los que no salen acá, pero los que hacen posible esto”.
Del miedo de la largada a la certeza de que puede hacerlo
Quizás por eso la victoria tiene un valor especial para Santiago.
No llegó a Angaco pensando en ganar. Llegó con nervios, con dudas y con el objetivo de descubrir qué podía hacer detrás del volante.
Terminó con un resultado que ni siquiera había buscado.
“El resultado no lo busqué y llegó, pero muy contento de mi rendimiento”, repitió.
La diferencia parece pequeña, pero dice mucho. Porque a los 17 años, el desafío no es solamente ganar una carrera: es aprender a convertirse en piloto.
Angaco le dio una primera respuesta.
Ahora llegará el momento de transformar ese debut en experiencia, buscar nuevos campeonatos y reunir el respaldo necesario para dar un salto competitivo. El próximo objetivo está puesto en la temporada 2027 y la posibilidad de probarse en campeonatos de mayor nivel, mientras el joven que hasta hace poco ocupaba la butaca derecha empieza a descubrir todo lo que puede hacer desde el volante.
Y esta vez ya sabe algo que antes era una incógnita: puede ganar.
Entrevista realizada para el programa En 4D, que se emite por Canal 4.
El video completo se encuentra al final de la nota.